Cuentan que esto ocurrió en la madrugada del 31 de octubre en la Nacional 550, en España
Arcadio se encontraba haciendo autostop junto al borde de la carretera en plena noche, en medio de una descomunal tormenta. .
Pasaba el tiempo pero nadie se detenía. La tormenta era tan poderosa que apenas se podía ver a unos tres metros de distancia. De repente, Arcadio divisó un antiguo automóvil que se acercaba lentamente y se detuvo justo frente a él. A pesar de la intriga que le suscitaba el aspecto del vehículo, no dudó en subirse, ya que era preferible a permanecer bajo la tormenta en la oscuridad.
Al cerrar la puerta, se volvió y quedó atónito al notar que nadie ocupaba el asiento del conductor. El automóvil arrancó suavemente y de manera pausada, y Arcadio miró hacia la carretera con un espanto inmenso al advertir una curva. Lleno de miedo, empezó a rezar e implorar por su salvación al anticipar su destino trágico. Antes de llegar a la curva, una mano tenebrosa se coló por la ventana del conductor y movió el volante de forma lenta pero decidida.
Paralizado por el terror y sin aliento, se aferró al asiento con todas sus fuerzas, inmóvil e impotente. Presenció cómo lo mismo sucedía en cada curva del aterrador y siniestro camino, mientras la tormenta incrementaba su intensidad. Tras un rato Arcadio no lo soportó más y sacando fuerzas de donde ya no quedaban, decidió bajarse del automóvil y corrió hasta el pueblo más cercano.
Empapado y desorientado, se dirigió hacia una taberna que se divisaba a lo lejos. Entró y pidió dos tequilas. Aún tembloroso, comenzó a relatar a todos los presentes la horrenda experiencia que acababa de vivir. El silencio abrumador que llenó el lugar, mientras el miedo se apoderaba de todos los rincones se rompió cuándo llegaron dos individuos empapados, y uno de ellos le dijo al otro con un tono molesto:
- «Mira, Juan, ahí está ese cabronazo que se subió al coche mientras nosotros lo empujábamos.»
El Laberinto de Historias.
(Recuperado de Internet)
