Los cambios emocionales después del nacimiento pueden tener distintas causas y reconocer sus señales permite identificar cuándo es necesario buscar atención profesional
El llamado baby blues puede provocar llanto, ansiedad y cambios de humor durante los primeros días posteriores al parto. Estos síntomas suelen disminuir antes de cumplir dos semanas, mientras que la depresión posparto puede prolongarse y generar sentimientos de vacío, desesperanza, dificultad para realizar actividades cotidianas y problemas para vincularse con el bebé.
La psicosis posparto es diferente y, aunque es poco frecuente, constituye una urgencia psiquiátrica. Generalmente puede comenzar durante la primera o segunda semana después del nacimiento y se caracteriza por una pérdida de contacto con la realidad, que puede manifestarse mediante delirios o alucinaciones.
Antes de llegar a estas señales de mayor gravedad, la familia puede observar insomnio incluso cuando el bebé está dormido, ansiedad, irritabilidad, euforia, hiperactividad, confusión, pensamientos desorganizados, conductas inusuales o cambios marcados en la forma de comunicarse. No es necesario que todos estos síntomas aparezcan al mismo tiempo.
La depresión posparto no es una etapa previa a la psicosis ni necesariamente se transforma en ella, ya que se trata de trastornos diferentes. Además, la psicosis puede presentarse incluso en mujeres que nunca han tenido un diagnóstico psiquiátrico, aunque existe una asociación con antecedentes de trastorno bipolar y trastornos psicóticos.
Ante posibles síntomas psicóticos, se recomienda no dejar sola a la mujer ni sola con el bebé y buscar atención psiquiátrica de inmediato. La familia no tiene que realizar un diagnóstico, sino identificar cambios preocupantes y procurar que tanto la madre como el bebé permanezcan acompañados y seguros mientras reciben atención especializada.
