El calor puede modificar la forma en que el cuerpo responde al ejercicio, por lo que ajustar la rutina permite mantener la actividad física sin someter al organismo a un esfuerzo innecesario
Durante el verano, las altas temperaturas pueden aumentar la fatiga y dificultar la recuperación después de una sesión de entrenamiento. Por ello, adaptar la intensidad y el horario de ejercicio puede ayudar a mantener la constancia sin incrementar los riesgos asociados al calor.
Una alternativa es realizar las sesiones en casa, donde es posible controlar mejor la temperatura y evitar la exposición directa al sol. El entrenamiento de fuerza puede mantenerse mediante ejercicios con el propio peso corporal, bandas elásticas o cargas disponibles en el hogar.
También resulta conveniente reducir la intensidad cuando las condiciones ambientales sean más exigentes y prestar atención a las señales del cuerpo. La hidratación adquiere especial importancia durante los meses de calor, al igual que utilizar ropa ligera y procurar espacios ventilados.
Mantener una rutina durante el verano no significa entrenar de la misma manera durante todo el año. Ajustar la duración, intensidad y horario de las sesiones permite continuar trabajando la fuerza y conservar el hábito de hacer ejercicio mientras se reducen los efectos del calor.
