La enfermedad es transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti; identificar sus síntomas y eliminar criaderos ayuda a reducir el riesgo de infección.
Con la temporada de lluvias aumenta la presencia del mosquito transmisor, por lo que la prevención sigue siendo una de las principales herramientas para evitar contagios.
El dengue es una enfermedad viral que se transmite mediante la picadura del mosquito Aedes aegypti, el cual se reproduce en recipientes con agua estancada. Una persona infectada no contagia directamente a otra, ya que el virus necesita al insecto para propagarse. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran fiebre alta, dolor de cabeza, molestias musculares y articulares, dolor detrás de los ojos, náuseas, vómito y erupciones en la piel.
La infección puede presentarse de forma leve o evolucionar hacia un cuadro grave que provoca hemorragias, dificultad para respirar, daño en órganos e incluso poner en riesgo la vida. Ante signos de alarma como dolor abdominal intenso, sangrado, vómitos persistentes o somnolencia, es importante acudir de inmediato a recibir atención médica y evitar la automedicación.
Las medidas preventivas incluyen eliminar recipientes que acumulen agua, mantener limpios patios y azoteas, tapar depósitos, cambiar con frecuencia el agua de floreros y bebederos, utilizar repelente, vestir ropa de manga larga cuando sea posible y colocar mosquiteros en puertas y ventanas para disminuir el contacto con el mosquito transmisor.
Aunque existe una vacuna contra el dengue, su aplicación está dirigida a personas que cumplen con criterios específicos establecidos por las autoridades sanitarias y no sustituye las acciones de prevención. Mantener el control de criaderos y buscar atención médica oportuna continúa siendo la forma más efectiva de reducir las complicaciones ocasionadas por esta enfermedad.
