Medicamentos de uso común pueden alterar reflejos y atención al volante, aunque parezcan inofensivos. Especialistas advierten que el riesgo suele pasar desapercibido
Conducir no solo implica estar sobrio. Diversos medicamentos, incluso de venta libre, pueden modificar la forma en que reacciona el cuerpo al manejar. Un informe de la Universidad de Salud en Utah, publicado en noviembre de 2025, alertó que estos efectos pueden ser tan peligrosos como beber alcohol antes de conducir.
El impacto no siempre es evidente. Algunos fármacos provocan somnolencia, mareos, visión borrosa o confusión mental, aun cuando la persona se siente bien. Esto aumenta el tiempo de reacción y reduce la capacidad de concentración, lo que eleva el riesgo de accidentes, incluso en trayectos cortos.
Entre los medicamentos más comunes que representan un riesgo están los antihistamínicos usados para alergias y resfriados, como Benadryl, Claritin, Zyrtec y Allegra. También los descongestionantes presentes en antigripales pueden generar mareos, ansiedad o dificultad para concentrarse. A esto se suman productos para la diarrea o las náuseas, como Imodium y Pepto-Bismol, que pueden causar sedación o problemas visuales.
Los especialistas también advierten sobre los medicamentos para el mareo y el insomnio. Antieméticos como Bonine y Dramamine tienen efectos sedantes, mientras que muchos somníferos dejan secuelas al día siguiente. Esto provoca que algunas personas manejen con reflejos disminuidos sin ser conscientes del peligro.
La recomendación es clara y está al alcance de todos. Leer las etiquetas, respetar las advertencias y evitar manejar si el medicamento lo indica puede marcar la diferencia. Consultar con un médico o farmacéutico y esperar el tiempo necesario antes de conducir son decisiones simples que ayudan a cuidar la vida propia y la de los demás. Manejar con responsabilidad también incluye saber qué se toma.
