Comer demasiado pollo puede ser un riesgo


Por años, el pollo ha sido visto como una opción más saludable frente a la carne roja. Su bajo contenido en grasa y su versatilidad en la cocina lo convirtieron en el favorito de quienes buscan cuidar su salud. Pero un nuevo estudio ha encendido las alarmas: consumir pollo con demasiada frecuencia podría aumentar el riesgo de muerte prematura.

Publicado en la revista científica Nutrients, el análisis observó a más de 100,000 personas durante dos décadas. El hallazgo clave: quienes comían pollo más de 19 veces por semana (casi tres veces al día) presentaron un riesgo 10 % mayor de morir prematuramente en comparación con quienes lo consumían con menor frecuencia.

La advertencia no se dirige al pollo en sí, sino a cómo y cuánto se consume. Freírlo, empanizarlo o combinarlo con alimentos ultraprocesados puede incrementar la exposición a compuestos dañinos como las aminas heterocíclicas, que se forman al cocinar a altas temperaturas. Además, el pollo industrializado puede contener aditivos, residuos de antibióticos y otras sustancias que afectan la salud a largo plazo.

Los expertos recomiendan moderar su consumo a 2 o 3 porciones semanales, optar por piezas sin piel, cocinarlas al horno, al vapor o hervidas, y priorizar la variedad en las fuentes de proteína. Algunas alternativas saludables incluyen:

Pescado azul (salmón, sardina)

Legumbres (lentejas, garbanzos, soya)

Huevos y proteínas vegetales (tofu, tempeh)

Carnes magras no procesadas (pavo, conejo)

Nueces, semillas y granos integrales


La clave está en el equilibrio. Comer pollo no es dañino en sí mismo, pero convertirlo en la base constante de todas las comidas, especialmente en su versión industrializada y frita, podría pasar factura con el tiempo.


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