La muñeca de trapo



La mudanza tenía a sus padres de los nervios. Corrían de un lado a otro dando órdenes, mientras los hombres de la empresa de transporte colocaban los muebles. Ella se paseaba por los pasillos de su nuevo hogar hasta que llegó a un cuarto con vistas a la calle. Se asomó a la ventana y le encantó lo que vio. Esa sería su habitación.
Dio media vuelta y entonces en un rincón oscuro detrás de la puerta, sus ojos se posaron en una pequeña muñeca de trapo. Seguramente había pertenecido a los antiguos inquilinos. Se convertiría en su nuevo juguete favorito.

Un día que su madre pasaba por delante de su puerta escuchó a su hija hablar con alguien. Se asomó con cuidado y comprobó que la otra voz la emulaba su hija, lo que le pareció tierno. Era una niña adorable. Se marchó sin prestar atención a la conversación que, en juegos, tenía la pequeña con su muñeca de trapo.

-«Pero no puedo volar».

-«Si puedes. Eres una niña especial. Eres bruja y por eso puedes entender a las muñecas… Agarra la escoba y verás qué divertido es volar».

-«¿Aunque no me dejen papá y mamá?».

-«Claro. No se van a enterar… eres bruja».
Convencida, la niña obedeció a la muñeca. Buscó la escoba de la cocina, regresó a su habitación, abrió la ventana y saltó. Cuando abrió los ojos vio cómo sus padres lloraban desconsolados. Algo extraño ocurría, le parecían mucho más altos de lo que eran. Intentó llamarlos pero no parecían oírla, y en ese momento la vio: una niña de pelo largo y negro, demacrada y fea, la miraba desde un rincón de la habitación.

-«Años esperando a que alguna niña ocupase mi lugar… Si tienes suerte a lo mejor no tienes que esperar tanto como yo».

Extraído de ‘Cuentos de Tinieblas: Recopilación de relatos y otras historias de terror’, de Verónica Monroy Romeral.

Deja un comentario