Había una vez una casa en las afueras de la ciudad que nadie se atrevía a visitar. Se decía que estaba embrujada por el espíritu de una mujer que había sido asesinada por su esposo celoso. La mujer se llamaba Lucía y era muy bella y bondadosa. Su esposo, en cambio, era un hombre cruel y violento que la maltrataba y la encerraba en el ático.
Un día, el esposo llegó a casa y encontró a Lucía hablando con un vecino en el jardín. Sin escuchar sus explicaciones, el esposo se llenó de ira y la arrastró al ático. Allí le cortó la garganta con un cuchillo y la dejó desangrarse en el suelo. Luego, prendió fuego a la casa y huyó.
Pero el fuego no pudo consumir el alma de Lucía, que quedó atrapada en el ático. Desde entonces, se dice que por las noches se escuchan sus lamentos y sollozos. Algunos dicen que han visto su fantasma vagar por la casa, buscando venganza. Otros dicen que han sentido su aliento helado en el cuello o su mano fría en el hombro.
Nadie sabe qué le pasó al esposo, pero se rumora que murió de forma horrible, atormentado por la culpa y el remordimiento. Lo cierto es que nadie ha vuelto a vivir en esa casa, que se ha convertido en una leyenda de terror que nadie se atreve a comprobar.
