Se cuenta que en el pueblo mágico de Tepoztlán Morelos habitaba una bruja llamada Eztli que en náhuatl significa sangre. Los habitantes se encerraban muy temprano en la noche por miedo a toparse con ella.
Se decía que llegando la noche se quitaba sus piernas para ponerse unas de guajolote, se arreglaba el pelo, se subía en una de las escobas hechas con ramas secas y salía volando por las puertas o ventanas y al llegar al cerro se prendía como bola de fuego para comenzar a volar por dos o tres horas para acechar a sus víctimas.
Ella estaba casada con Tenoch un hombre que no tenía idea de la criatura que era su mujer; Los habitantes sospechaban de ella pues cuando la veían pasar susurraban sobre su extraño comportamiento y peculiar vestimenta.
Los rumores llegaron a él quien al escuchar el rumor de tantas personas empezó a dudar de su mujer, ese mismo día llego a su casa diciéndole que estaba muy cansado y que solo quería dormir. Ella le contesto que también dormiría cuando terminara de cocinar un plato de Rellena frita, comida que consiste en una especie de tripa rellena de sangre de vaca.
¡Mi esposa es una bruja!
Ya acostado Tenoch hizo un agujero a su cobija por donde espiaría a su esposa, pasado un tiempo vio como cortaba un mechón de su larga cabellera negra que enredo en su pierna logrando que esta se desprendiera de su cuerpo. Terminado ella salió volando con su escoba al cerro.
Horrorizado, salió y alarmo a los vecinos corroborando los rumores, el pueblo se armó con antorchas y machetes, subieron al cerro a buscar a la bruja encontrándola gracias al llanto de un recién nacido que había robado y pretendía matar.
Tenoch al ver a su esposa convertida en esa criatura no dudo en acercarse para atraparla mientras estaba distraída. Junto con otros 3 hombres lanzaron una red sobre ella logrando capturarla.
La multitud gritaba que la quemaran, armaron una hoguera, la amarraron a un poste y pidieron que confesara sus pecados, ella se negó. Entonces Tenoch dijo a la multitud que le prendieran fuego, ella pedía piedad y entre los gritos de desesperación se escuchó la voz de un demonio que decía “ven a mí”.
Después de este suceso los habitantes evitaban subir al cerro después de las 9 de la noche.
