Mi abuelo me contó una historia de terror que nunca olvidaré. La historia trataba sobre el hombre que hizo un pacto con el diablo. El hombre le pidió dinero y muchas mujeres, pero a cambio, dentro de 20 años, le tenía que entregar el alma al diablo. El hombre aceptó y el diablo le dio mucho dinero y mujeres por montón. Los años pasaron y llegó la fecha estipulada por el diablo para que le entregara el alma. Pero el hombre decidió burlarlo y se marchó del pueblo bien lejos. Decidió ir a vivir a la selva, donde pensaba que estaría a salvo del maligno. Un día, cuando se sentó bajo de un árbol y dirigió la vista hacia arriba, vio ni más ni menos que al mismísimo diablo sonriéndole y diciéndole estas palabras: «Tú sí eres bien puntual».
El hombre se quedó helado de terror al ver la cara roja y los cuernos del diablo. Quiso escapar, pero sus piernas no le respondían. El diablo bajó del árbol y se acercó al hombre con una risa malvada. «¿Qué pasa? ¿No te alegras de verme? Pensaste que podías engañarme, pero yo te he seguido la pista desde que saliste de tu pueblo. No hay lugar en el mundo donde puedas esconderte de mí. Tu alma me pertenece y ha llegado la hora de cobrar mi deuda».
El hombre suplicó al diablo que le perdonara la vida, que le diera otra oportunidad, que le dejara disfrutar un poco más de su fortuna y sus mujeres. Pero el diablo no tuvo piedad y le dijo: «Demasiado tarde. Ya has disfrutado bastante de lo que te regalé. Ahora me toca a mí disfrutar de lo que me prometiste. Tu alma es mía y te voy a llevar al infierno, donde sufrirás eternamente por tu codicia y tu traición».
El diablo agarró al hombre por el cuello y lo levantó en el aire. El hombre gritó de dolor y de miedo, pero nadie lo escuchó. El diablo abrió una grieta en el suelo y se metió con el hombre en ella. La grieta se cerró detrás de ellos y solo quedó un silencio sepulcral en la selva.
