La llegada de visitantes nacionales y extranjeros a distintas celebraciones en México ha generado cuestionamientos sobre el equilibrio entre la difusión cultural y el respeto a las prácticas de las comunidades
El Día de Muertos se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de México, con desfiles, altares monumentales, recorridos por panteones y exhibiciones culturales que atraen a visitantes de diferentes países. Sin embargo, el crecimiento de estas actividades también ha generado preocupación por la manera en que el turismo puede interferir en las ceremonias familiares y comunitarias.
En San Andrés Mixquic, localidad de la alcaldía Tláhuac, en Ciudad de México, las familias mantienen la costumbre de limpiar y adornar las tumbas de sus seres queridos con flores de cempasúchil, veladoras y otros elementos para recibir simbólicamente a sus difuntos. Esta celebración ha atraído a miles de visitantes que buscan conocer de cerca los rituales, pero la concentración de personas ha dificultado que algunos habitantes puedan ingresar al cementerio para acompañar a sus familiares fallecidos.
El reportaje de CNN en Español recoge el testimonio de Martha Nashieli, habitante de Mixquic, quien recordó que en una ocasión no pudo ingresar al panteón para llevar flores a la tumba de su padre debido a la gran cantidad de turistas. Su experiencia refleja una de las dificultades que enfrenta la comunidad, donde la presencia de visitantes puede desplazar a quienes acuden por motivos familiares y religiosos.
Por otra parte, la historiadora del arte Sofía Margarita Provencio consideró que el interés internacional no significa necesariamente que la celebración haya perdido su carácter mexicano. Explicó que las tradiciones se transforman con el tiempo y que el Día de Muertos también es resultado de un proceso de intercambio cultural, como ocurrió con la incorporación de elementos europeos a las costumbres mesoamericanas. Asimismo, destacó el trabajo de artesanos, floricultores, panaderos y otros productores que participan en la preparación de las ofrendas.
La especialista señaló que el problema no radica en recibir turistas, sino en que su presencia llegue a interferir con las actividades de las comunidades. Por ello, planteó la importancia de distinguir entre los espacios preparados para exhibiciones culturales y aquellos donde las familias realizan sus ceremonias, con el propósito de mantener el respeto hacia quienes utilizan estas fechas para recordar a sus seres queridos.
La celebración puede atraer miradas de todo el mundo, pero su significado permanece ligado a la memoria de quienes ya no están y a las costumbres de las familias que mantienen vivo su recuerdo.
