Algunas señales digestivas suelen pasar desapercibidas porque se relacionan con problemas comunes del estómago o intestino
Los dolores abdominales después de comer, las náuseas y la sensación de inflamación pueden tener diferentes causas. Por ello, identificar cómo y dónde aparece el malestar puede ser importante para determinar qué está ocurriendo.
Entre las posibles causas se encuentran los cálculos biliares, conocidos comúnmente como piedras en la vesícula. Son depósitos duros que se forman dentro de este órgano a partir de sustancias presentes en la bilis, principalmente colesterol o bilirrubina. Algunas personas los tienen sin presentar molestias y pueden descubrirse durante estudios realizados por otros motivos.
Cuando una de estas piedras bloquea alguno de los conductos por donde circula la bilis, puede producirse un episodio conocido como cólico biliar. El dolor suele aparecer en la parte superior derecha del abdomen, debajo de las costillas, aunque también puede sentirse en la zona central, debajo del esternón.
La molestia puede extenderse hacia la espalda, entre los omóplatos o hacia el hombro derecho. También pueden presentarse náuseas y vómitos, especialmente después de consumir comidas abundantes. Cuando estos episodios se repiten, no conviene asumir que se trata únicamente de indigestión o colitis.
Hay señales que requieren atención médica, como dolor abdominal que permanece durante varias horas, fiebre o escalofríos, vómitos, color amarillento en la piel o los ojos, orina oscura o heces de color claro. Estos síntomas pueden relacionarse con una obstrucción y posibles complicaciones en la vesícula, el hígado o el páncreas.
Para confirmar la presencia de cálculos se requiere una valoración médica. El diagnóstico puede incluir exploración física, análisis de laboratorio y estudios de imagen, entre ellos un ultrasonido abdominal. El tratamiento depende de si existen síntomas o complicaciones y, cuando los cálculos provocan ataques recurrentes, puede ser necesaria una cirugía para retirar la vesícula.
