Tenemos IA, pero seguimos sin saber qué hacer



Hay algo extraño en ser joven en 2026. Podemos preguntarle a una inteligencia artificial cómo hacer un currículum, cómo aprender un idioma, cómo organizar nuestras finanzas o hasta qué hacer con nuestra carrera. Tenemos en el bolsillo herramientas que hace unos años parecían de ciencia ficción y, aun así, seguimos haciéndonos una pregunta mucho más sencilla y mucho más difícil de responder ¿qué hacemos con nuestra vida?

Pero hablar de juventud no puede reducirse a la Generación Z, a TikTok, a la inteligencia artificial o a las nuevas palabras que aparecen cada semana. Tampoco todos los jóvenes parten del mismo lugar. Mientras algunos pueden elegir una carrera, hay quienes tuvieron que dejar la escuela para trabajar. Hay quienes nunca tuvieron la oportunidad de llegar a una universidad. Hay quienes cambiaron sus sueños porque en casa había otras necesidades que atender.

También están quienes estudian y trabajan, quienes intentan emprender sin tener mucho dinero, quienes buscan su primer empleo y descubren que les piden experiencia antes de darles una oportunidad. Están los que quieren independizarse, pero hacen cuentas y descubren que el sueldo no alcanza. Y están quienes siguen intentando, aunque muchas veces no sepan exactamente hacia dónde van.

Nos gusta decir que los jóvenes tienen todas las herramientas para salir adelante. Y sí, tenemos acceso a más información que nunca. Podemos aprender prácticamente cualquier cosa desde un teléfono y encontrar oportunidades que antes eran impensables. Pero tener acceso a información no significa tener acceso a las mismas oportunidades.

Porque no es lo mismo preguntarle a una inteligencia artificial cómo cumplir un sueño cuando tienes tiempo, dinero y apoyo, que hacerlo cuando tienes que trabajar ocho, diez o doce horas para ayudar en casa. No es lo mismo elegir qué estudiar cuando puedes pagar una carrera, que hacerlo cuando la prioridad es conseguir un ingreso. No es lo mismo equivocarse cuando tienes una red que te sostiene, que hacerlo cuando un error puede significar dejar de comer o abandonar un proyecto.

Y quizá por eso también hay tantos jóvenes que sienten que van tarde. Las redes sociales no ayudan demasiado. Todos parecen estar viajando, emprendiendo, graduándose, consiguiendo el trabajo de sus sueños o construyendo una vida perfecta. Mientras tanto, uno puede estar tratando simplemente de descubrir qué quiere hacer mañana.

Nos acostumbramos a hablar de esfuerzo como si fuera la única variable. Como si todas las historias comenzaran desde el mismo punto y todo dependiera de tener suficiente disciplina. Pero la realidad es mucho más complicada.

¿Cuántas veces le hemos dicho a un joven que “le eche ganas” sin preguntarnos primero qué tan desigual es la cancha en la que está jugando?

Tal vez el problema no sea que los jóvenes no sepan qué quieren. Tal vez algunos están tratando de encontrar el camino mientras cargan cosas que nadie ve. Una carrera que tuvieron que abandonar. Una familia que sostener. Un trabajo que no pueden dejar. Un sueño que llevan años posponiendo. O simplemente el miedo de descubrir que aquello que imaginaron para su vida ya no parece posible.

Ser joven tampoco debería significar tener un plan perfecto. Cambiar de rumbo, equivocarse, volver a empezar o tardar más de lo esperado no debería convertirse en una condena. No todos vamos a llegar al mismo lugar ni al mismo tiempo.

La inteligencia artificial podrá ayudarnos a encontrar respuestas cada vez más rápido. Pero hay preguntas que siguen siendo profundamente humanas. Qué queremos, qué podemos construir y qué oportunidades necesitamos para hacerlo.

Quizá este Día de la Juventud no deberíamos preguntarnos solamente qué están haciendo los jóvenes. También deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para que tengan realmente la oportunidad de elegir su futuro.

Porque decirle a un joven que puede cumplir sus sueños es bonito. Hacer que tenga las condiciones para intentarlo sería mucho mejor.

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