¿Cómo detectar un posible abuso infantil en vacaciones?



Cambios de conducta, miedo repentino y rechazo al contacto pueden ser señales que requieren atención

Las vacaciones escolares modifican las rutinas de niñas, niños y adolescentes. Pasan más tiempo en casa y, en algunos casos, quedan bajo el cuidado de familiares, conocidos u otras personas mientras sus padres trabajan, por lo que resulta importante mantener una comunicación cercana con ellos.

Uno de los principales riesgos es pensar que una posible agresión solamente puede ocurrir fuera del hogar o a manos de una persona desconocida. Datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) señalan que la vivienda concentra la mayor proporción de agresiones sexuales registradas contra niñas, niños y adolescentes.

La especialista en protección infantil Josefina Robledo, de World Vision México, señala que algunos cambios en el comportamiento pueden funcionar como señales de alerta. Entre ellos se encuentran el rechazo repentino hacia una persona o al contacto físico, miedo al momento del baño, aislamiento, pesadillas recurrentes, volver a mojar la cama o modificaciones drásticas del estado de ánimo.

Ante alguno de estos cambios, la recomendación es evitar interrogatorios, gritos o acusaciones inmediatas. En su lugar, resulta importante escuchar al menor con calma y permitirle explicar qué está sintiendo o qué pudo haber ocurrido, sin hacerlo sentir culpable o cuestionado.

La prevención también implica enseñar desde edades tempranas que nadie debe tocar su cuerpo de una manera que les incomode y que pueden hablar con una persona adulta de confianza si algo ocurre. La especialista señala que recursos como cuentos, dibujos o juegos pueden facilitar estas conversaciones y ayudar a que los menores expresen lo que sienten.

Si existe una sospecha de abuso, la prioridad debe ser proteger al menor y buscar apoyo profesional. También pueden solicitarse acompañamiento psicológico y asistencia de instituciones dedicadas a la protección de niñas, niños y adolescentes, además de realizar la denuncia correspondiente cuando exista una posible agresión.

Las vacaciones no deben vivirse desde el miedo, sino desde la comunicación y la confianza. Escuchar a niñas, niños y adolescentes, respetar cuando expresan incomodidad y prestar atención a cambios importantes en su comportamiento puede ayudar a identificar situaciones que requieran intervención.

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