La conmemoración del natalicio de Benito Juárez abre paso a una mirada distinta, donde también se reconoce el papel clave de Margarita Maza en la historia nacional
En el marco del natalicio de Juárez, la memoria histórica en México se amplía para incluir a Margarita Maza como pieza fundamental en la consolidación del país. Más allá de la figura del expresidente, hoy se destaca una historia compartida marcada por el sacrificio, el exilio y la resistencia política.
La trayectoria del Benemérito de las Américas suele centrarse en sus reformas liberales, como la promulgación de la Ley Juárez y la defensa de la Constitución de 1857. Sin embargo, esta narrativa resulta incompleta sin considerar a su esposa, quien no solo acompañó su proyecto político, sino que enfrentó junto a él las consecuencias de un país en conflicto.
En 2026, declarado como el año de Margarita Maza Parada, se impulsa una reivindicación histórica que reconoce su identidad propia y su papel en la vida pública. Nacida el 29 de marzo de 1826 en Oaxaca, desarrolló una formación liberal y participó activamente en momentos clave, incluso desde el exilio en Estados Unidos, donde apoyó la causa republicana mediante gestiones diplomáticas y organización de recursos.
Durante periodos como la Intervención Francesa, la separación de la pareja evidenció la fortaleza de Margarita, quien sostuvo a su familia y contribuyó políticamente mientras Juárez mantenía el gobierno itinerante. Su papel fue determinante para evitar el reconocimiento del imperio de Maximiliano y fortalecer la resistencia mexicana en el extranjero.
Recordar el natalicio de Juárez en este contexto implica reconocer que la construcción del Estado mexicano no fue obra de una sola figura, sino el resultado de esfuerzos compartidos. La vida y legado de Margarita Maza reflejan que la historia también se sostuvo desde la resistencia silenciosa y la acción estratégica en momentos decisivos.
