Shanghái planea para 2028 que más del 70 % de sus cadenas de comida rápida y cafeterías funcionen con sistemas inteligentes operando desde la cocina hasta la atención al cliente.
La ciudad está construyendo cocinas centrales robotizadas, equipadas con brazos articulados, sensores térmicos y visión computacional, para reproducir miles de recetas con precisión en sabor, textura y presentación.
Empresas como Botinkit ya probaron su robot “Omni”: puede medir temperatura y sazonar en tiempo real, lo que le permite cocinar como un chef.
Pero la automatización también genera preocupación: según un estudio de la Universidad de Fudan, los empleos operativos podrían caer hasta un 78 %, mientras que los técnicos (ingenieros de IA, calibradores de experiencia sensorial) podrían crecer hasta 200 %.
Además, existe el riesgo de que la cocina tradicional pierda matices, pues los robots podrían homogeneizar sabores y debilitar la identidad gastronómica regional.
