El 20 de noviembre se recuerda el estallido de la Revolución Mexicana, movimiento histórico que transformó el rumbo político y social del país. Sin embargo, la forma en la que se conmemora cada año ha generado curiosidad, pues el evento principal no es únicamente cívico o militar, sino un desfile deportivo, tradición arraigada desde hace casi un siglo.
La primera conmemoración oficial se realizó en 1928, cuando el gobierno federal organizó una carrera de relevos en lugar de un acto bélico o militar. El objetivo era resaltar valores como el compañerismo, el esfuerzo físico y la unidad, dejando de lado el recuerdo de la violencia armada.
Debido a la buena aceptación, en 1929 se sustituyó la carrera por un desfile público con participación de atletas y estudiantes. Fue entonces cuando comenzó a consolidarse el concepto de acto cívico–deportivo.
No fue hasta 1936 cuando el desfile se estableció formalmente como actividad nacional y oficial, manteniendo su identidad ligada al deporte. Con esta decisión, el Estado buscaba impulsar una celebración pacífica que promoviera disciplina, salud física y formación humanista.
Durante el gobierno del expresidente Lázaro Cárdenas, el impulso a la educación física adquirió gran relevancia, integrando el deporte en la formación educativa y social. Para esa época, se consideraba que el desarrollo físico complementaba valores revolucionarios como la solidaridad, el compromiso y la superación colectiva.
Hoy en día, el desfile mezcla elementos históricos, culturales y militares, mediante escenificaciones, contingentes escolares, agrupaciones deportivas y unidades del Ejército Mexicano. Aunque la representación de batallas es común, el deporte continúa siendo parte esencial del marco conmemorativo, preservando la tradición que lo caracteriza desde sus inicios.
