Tlatelolco 1968: la masacre que marcó a México

El 2 de octubre de 1968 quedó grabado en la memoria colectiva como una de las violaciones más graves a los derechos humanos en México, cuando el Ejército y el Batallón Olimpia abrieron fuego contra una manifestación pacífica en la Plaza de las Tres Culturas.


El 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, ocurrió una de las páginas más trágicas de la historia nacional: la masacre de cientos de estudiantes y civiles a manos del Ejército Mexicano y el grupo paramilitar Batallón Olimpia, durante un mitin pacífico del movimiento estudiantil.

Los hechos se dieron en el marco de la llamada Operación Galeana, cuyo objetivo era detener a los miembros del Consejo Nacional de Huelga (CNH). Testimonios e investigaciones posteriores revelaron que los militares y paramilitares, identificados con un guante blanco en la mano izquierda, abrieron fuego contra los manifestantes tras una señal desde un helicóptero.

Aunque la cifra oficial reconoció apenas 30 muertes, sobrevivientes, historiadores y organismos de derechos humanos han documentado que la masacre dejó más de 300 muertos, decenas de heridos y alrededor de 2 mil detenidos, muchos de ellos trasladados al Campo Militar Número Uno.

El movimiento estudiantil de 1968 exigía libertades democráticas, cese a la represión y justicia social. Sus seis demandas centrales incluían la libertad de presos políticos, desaparición del cuerpo de granaderos y deslinde de responsabilidades de los funcionarios responsables de la violencia.

Los sucesos de Tlatelolco no solo mancharon la imagen internacional de México en vísperas de los Juegos Olímpicos, sino que también constituyeron graves violaciones a los derechos humanos: derecho a la vida, a la libre expresión, a la seguridad jurídica, a la libertad y a la justicia.

A lo largo de los años, sobrevivientes y organismos nacionales e internacionales han exigido justicia y reparación del daño. En 2018, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) reconoció oficialmente el impacto del crimen y la responsabilidad del Estado.

A 57 años de distancia, la consigna “¡2 de octubre no se olvida!” sigue viva en las calles, como símbolo de memoria, resistencia y exigencia de justicia.

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