En agosto de 2025, adquirir la canasta básica de alimentos costó 2,294.20 pesos, de acuerdo con el monitoreo mensual de precios realizado por Excélsior.
El encarecimiento no fue parejo, pero varios productos de primera necesidad registraron alzas considerables. El chile cuaresmeño encabezó los incrementos con un alza de 329.31%, alcanzando los 24.90 pesos por kilo. La naranja se disparó 42.98% hasta llegar a 49.90 pesos el kilo, mientras que el bistec de res subió 20.56%, con un precio de 258 pesos por kilo.
Estas variaciones han obligado a los consumidores a modificar sus hábitos de compra: buscar productos más económicos, optar por marcas propias, comparar precios y aprovechar promociones. Según la consultora NielsenIQ, existe un creciente interés en descuentos y programas de fidelización, lo que refleja la necesidad de optimizar cada peso gastado.
La situación también ha transformado la forma de consumir: ahora se diversifican los lugares de compra, se recurre con mayor frecuencia al comercio electrónico y se reduce la lealtad a marcas que no ofrecen un valor real.
Por su parte, las empresas han recurrido a la llamada “reduflación”, estrategia que consiste en disminuir el tamaño de los empaques sin modificar el precio, medida que ha generado debate entre consumidores y especialistas.
En este contexto de inflación, las familias mexicanas enfrentan el reto de hacer rendir más su presupuesto, ajustando sus decisiones de compra para sobrellevar el impacto en la economía del hogar.
