El movimiento liderado por Verónica B exige respeto, reconocimiento… y un poco más de seriedad hacia su labor como creadores de contenido
Australia es ahora el escenario de una curiosa —y controversial— protesta: un grupo de influencers ha decidido organizarse en un sindicato y amenazar con una huelga digital hasta que su trabajo sea más valorado. Encabezados por la tiktoker Verónica B, los creadores de contenido aseguran estar cansados de ser tomados como “una broma”, y exigen el mismo respeto que se otorga a otras profesiones.
“Estoy harta de que nos traten a los influencers como si fuéramos una broma”, expresó Verónica B, visiblemente molesta, durante su participación en el AIIMS Creator Hub en Sydney. “¿Cómo sabría la gente dónde comer si no hiciéramos reseñas de restaurantes? ¿Cómo sabría cómo maquillarse si no existieran nuestros videos de ‘prepárate conmigo’?”, lanzó al micrófono con plena convicción.
El detonante de este movimiento fue una entrevista realizada a Verónica B durante los Sydney TikTok Awards, en la que defendió que ser influencer es “un trabajo duro”. Las redes no tardaron en encenderse, especialmente por el contraste entre su discurso y su llegada al evento en un Rolls Royce.
Desde entonces, las críticas no han parado. Pero en lugar de desaparecer, Verónica redobló la apuesta: anunció la creación de la Unión de Influencers de Australia, una agrupación que busca defender los derechos y la dignidad de quienes se dedican a crear contenido digital.
A la causa se han sumado otras figuras como Jasmin Mitwali, quien afirmó que ser influencer es “literalmente más difícil” que ser médico o maestro, debido a la presión constante por mantenerse relevante y generar contenido nuevo.
También se unió Dani Russell, influencer con casi un millón de seguidores, quien publicó un video viral en el que se pregunta si es más difícil ser madre o creadora de contenido. La publicación ha alimentado el debate entre quienes consideran su postura válida y quienes la tachan de superficial.
Las reacciones no se han hecho esperar. Mientras algunos internautas apoyan la iniciativa, destacando que el trabajo de los influencers ha transformado industrias como la moda, el turismo o la gastronomía, otros consideran que las exigencias rozan lo ridículo.
Los críticos apuntan que, aunque ser influencer requiere esfuerzo, disciplina y creatividad, compararlo con profesiones como la medicina o la docencia es una comparación desafortunada. Además, cuestionan si una huelga de contenido realmente afectaría a la vida cotidiana de las personas… o simplemente liberaría espacio en sus feeds.
