El 26 de abril de 2025, Roma y el mundo despidieron al Papa Francisco en un funeral que reflejó la sencillez que marcó su pontificado. Desde 2024, él mismo había reformado el protocolo: pidió ser enterrado en un solo ataúd de madera, sin exposiciones grandiosas ni catafalco, eliminando antiguos símbolos de poder.
Más de 250,000 personas acudieron a la Basílica de San Pedro, mientras delegaciones de 130 países, migrantes y personas marginadas participaron en su despedida. Su cuerpo recorrió lugares emblemáticos como el Coliseo antes de ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, lejos de las tumbas papales tradicionales.
Con humildad y cercanía como legado, Francisco cambió no solo las reglas del funeral papal, sino también la manera en que el mundo recuerda a un Papa.
