Ellas son las 10 personas más «ricas» de Latinoamérica



El 2025 no ha sido un buen año para los multimillonarios de Latinoamérica. Aunque el número total de personas ultrarricas en el mundo alcanzó un récord de 3,028, en la región esa cifra cayó de 110 a 95. Con pérdidas combinadas por 46,000 millones de dólares, los principales afectados fueron Brasil y México, los dos países con más representantes en la lista.

Brasil vio caer a 15 de sus multimillonarios, entre ellos grandes figuras como Blairo Maggi, “el Rey de la Soja”, y João Alves de Queiroz Filho, fundador de Hypera Pharma. Sin embargo, dos nuevos nombres aparecieron en el mapa: el heredero cervecero Max Van Hoegaerden y el empresario de energías renovables Mário Araripe.

México, por su parte, mantuvo sus nombres en la lista, pero con enormes recortes de patrimonio. Carlos Slim Helú perdió 19,500 millones de dólares debido a la caída en las acciones de América Móvil y Grupo Carso. Aun así, sigue siendo el número uno en la región. Ricardo Salinas Pliego, afectado por escándalos financieros, cayó dramáticamente en el ranking.

Mientras tanto, en el resto del continente, los números fueron más positivos. Juan Carlos Escotet, el banquero más rico de Venezuela, aumentó su fortuna en 68%, mientras banqueros de Chile y Argentina regresaron a la lista. Perú también recuperó a su único multimillonario, Eduardo Hochschild, gracias a un repunte en el sector minero.

Los 10 más ricos de Latinoamérica en 2025

1. Carlos Slim Helú (México) – 82,500 millones de dólares


2. Eduardo Saverin (Brasil) – 34,500 millones


3. Germán Larrea (México) – 28,600 millones


4. Iris Fontbona (Chile) – 28,100 millones


5. Vicky Safra (Brasil) – 20,700 millones


6. Jorge Paulo Lemann (Brasil) – 17,000 millones


7. Jaime Gilinski Bacal (Colombia) – 10,700 millones


8. David Vélez (Colombia) – 10,700 millones


9. María Asunción Aramburuzabala (México) – 9,000 millones


10. Alejandro Baillères Gual (México) – 9,000 millones



A pesar de las turbulencias económicas, la riqueza extrema sigue teniendo rostro latino. Lo que cambia es el contexto: un entorno global más desafiante, monedas locales más volátiles y mercados cada vez más exigentes.

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