El 11 de febrero de 2025, la Iglesia celebra la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, una fecha instituida por el Papa San Juan Pablo II en 1992 para sensibilizar a la comunidad cristiana y a la sociedad en general sobre la importancia de la atención a los enfermos y el reconocimiento de quienes los cuidan. Este año, la jornada se enmarca en el Año Jubilar 2025, bajo el lema: «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5) y nos hace fuertes en la tribulación.
En su mensaje para esta ocasión, el Papa Francisco reflexiona sobre la presencia de Dios junto a quienes sufren, destacando tres aspectos fundamentales: el encuentro, el don y el compartir.
El Encuentro
Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les instruyó a decir a los enfermos: «El Reino de Dios está cerca de ustedes» (Lc 10,9). El Santo Padre nos invita a ver la enfermedad como una oportunidad para encontrarnos con el Señor, reconociendo nuestra fragilidad y experimentando la cercanía y compasión de Dios, quien en Jesús compartió nuestros sufrimientos.
El Don
El sufrimiento nos revela que toda esperanza proviene del Señor y es un don que debemos acoger y cultivar, permaneciendo fieles a la fidelidad de Dios. La resurrección de Cristo nos ofrece la certeza de que nada puede separarnos del amor de Dios (cf. Rm 8,38-39), y esta «gran esperanza» nos ayuda a superar las pruebas y obstáculos de la vida.
El Compartir
Los lugares de sufrimiento se convierten en espacios de intercambio y enriquecimiento mutuo. Junto al lecho de un enfermo, aprendemos a esperar, a creer y a descubrir el amor. Todos, ya sean enfermos, médicos, enfermeros, familiares o amigos, somos «ángeles» de esperanza, mensajeros de Dios los unos para los otros.
El Papa Francisco concluye su mensaje encomendando a todos los enfermos y a quienes los asisten a María, Salud de los enfermos, y nos anima a rezar juntos:
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!
En este Año Jubilar, se nos invita a ser «peregrinos de esperanza», acompañando a quienes sufren y reconociendo en ellos el rostro de Cristo, fortalecidos por la certeza de que la esperanza no defrauda y nos hace fuertes en la tribulación.
