En el jardín del alma, dulce y serena,
brilla el amor que a mi vida llena.
Madre querida, faro de luz,
tu ternura infinita, tu eterna virtud.
En cada paso, en cada sendero,
tus manos me guían con amor sincero.
Tu risa, tu abrazo, mi refugio fiel,
en cada tempestad, mi ancla en el cruel.
Eres la melodía que alegra mi día,
la fuerza que en la adversidad no desfallecía.
Con tus palabras, con tu mirar,
me enseñaste a volar y a soñar.
En tu regazo, encuentro mi calma,
eres mi guía, mi amiga, mi alma.
Por todo lo que eres, por lo que serás,
¡te amo, mamá, más allá de la eternidad!
