¿Cuál fue la primer palabra de Jesús en la cruz?



En el mediodía del Calvario, cerca de Jerusalén, Jesús fue crucificado. Mientras soportaba el peso de la cruz, enfrentaba insultos, burlas y injurias por parte de aquellos que pasaban. Sus ropas fueron repartidas y su túnica echada a la suerte. Sin embargo, ¿cómo respondió Jesús a tanto agravio? Con un silencio que hablaba más que mil palabras. En ese momento de extremo sufrimiento, elevó una oración al Padre: «¡Padre!, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

Desde la cruz, Jesús oró por sus verdugos, perdonando su pecado con un corazón magnánimo y noble. Este acto fue coherente con su enseñanza de amar a los enemigos y rogar por los que persiguen. Jesús no albergó rencor ni venganza, sino que imploró el perdón y la salvación para su pueblo. Hoy, él es nuestro intercesor ante Dios, y mediante su sacrificio obtenemos el perdón de los pecados.

El perdón que Jesús pidió a su Padre revela una gran verdad: Dios es un Padre misericordioso. Nos enseña a perdonar, a amar a nuestros enemigos, a olvidar las ofensas recibidas y a orar por aquellos que nos hacen mal. Nos saca de nuestros esquemas egoístas y nos muestra el corazón siempre dispuesto a perdonar y acoger.

Ante la cruz, debemos reconocer nuestra condición de pecadores y examinar nuestra vida. Es momento de quitarnos la venda de los ojos y enfrentar la realidad, de examinar nuestro amor al prójimo, nuestra relación con Dios y los preceptos del perdón y la misericordia del Evangelio.

En la Cruz de Cristo encontramos la máxima expresión de amor y perdón. Que su ejemplo nos inspire a vivir con compasión, misericordia y perdón hacia todos.

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